Dicen que soltar aquello que amas es la prueba inequívoca
de tu fé, significa aceptar que lo que viene por delante es parte del plan
perfecto que Dios tiene para ti y que aquello que dejas ir tuvo un propósito y
lo único que debe provocarte es gratitud. Pero el soltar sin sufrir es algo que
solo las almas iluminadas alcanzan y que para nosotros pobres mortales resulta
difícil y doloroso.
Cerrar un capítulo, especialmente uno largo, es un
ejercicio agotador, es como preparar un exámen final, revisas, evaluas y
finalmente pesas lo aprendido. Sudáfrica nos dio la oportunidad como familia, de
mirarnos unos a otros, de mirar dentro de nosotros mismos, de conocernos y
reconocernos lejos de la seguridad que nos daba nuestro propio país.
En este país maravilloso conocimos gente increíble,
amigos que fueron parte de nuestro viaje y que compartieron nuestras penas y
alegrías, gente que se convirtió en nuestra familia por elección. Quedaremos
eternamente agradecidos con los que nos ayudaron, apoyaron, guiaron y
acompañaron cuando todo era nuevo y desconocido, con los que hicieron de tías y
tíos, con los abuelos postizos, con los mejores amigos, los compañeros y con
los desconocidos que con sus sonrisas nos hicieron apropiarnos un poquito de su
país. En honor a todos ellos no olvidaremos nada de lo aprendido.
Nos espera un nuevo viaje y si tenemos suerte un nuevo
aprendizaje, visto hoy que es el primer día de esta aventura, luce como una montaña
alta y difícil de escalar, pero sabemos que tenemos un mejor equipo que el teníamos
cuando en esa mañana de Abril llegamos a Sudáfrica llenos de miedos y de
sueños.
Hoy le pedimos a Dios que nos permita soltar, que nos
deje tomar solo lo mejor de la experiencia, sabemos que esto es parte de un
plan que ahora no podemos ver, pero que abrazamos con alegría y optimismo y
confiamos en que a pesar del dolor y de la pena que produce dejar lo que se ama
el camino que hoy emprendemos nos convertirá en seres más humanos. A la final
como dice el maestro Yoda, mi nuevo maestro de alemán, uno debe entrenarse para
dejar ir todo aquello que teme perder.
Hoy nos contamos unos a los otros nuestras preocupaciones,
nuestras impresiones, nuestras emociones, nuestras expectativas, nos reímos de
nuestras carencias, de nuestra ignorancia y de nuestros miedos y en ese
compartir nos amalgamamos como familia.
Como dice el poema de Machado se hace camino al andar,
hoy el sendero no se ve claro, ¡pero sabemos que está ahí! Y como arrieros somos
y en el camino nos encontramos, ahí les iré contando lo que me encuentre en
estos nuestros nuevos rumbos.
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