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lunes, 31 de julio de 2017

Un año en Alemania

El día de mi cumpleaños, hace exactamente un año, mi familia y yo nos subíamos a un avión con rumbo a Alemania. Después de casi cuatro fabulosos años vivendo en una soleada y amigable Sudáfrica sabíamos lo que dejabamos atrás  y nos imaginábamos lo que venía. 
Recuerdo ese día como si fuese ayer, el nudo en el estómago, los sentimientos encontrados, las lágrimas contenidas y el miedo…si el miedo a lo desconocido.



Ha pasado un año, no lo puedo creer, no sé si por el cambio o porque me voy haciendo más vieja, pero el tiempo vuela. Hoy,  le pondré una vela más a mi pastel que prácticamente ya necesita de los bomberos!


Durante este año, hemos visto las estaciones pasar, hemos aprendido algo sobre la cultura de este país increíblemente eficiente y organizado y si, aunque a veces resulte cuesta arriba, hemos disfrutado nuestro tiempo aquí. No mentiré, porque eso sería quitarle sentido a la experiencia, a veces ha sido muy duro. 

Para mí este año ha sido una montaña rusa, mis emociones a flor de piel no siempre han sido buenas consejeras, pero como en todas  las experiencias nuevas, el primer año de vida es siempre un gran reto y también una gran fuente de aprendizaje.  En este post quiero compartir con ustedes, desde mi experiencia personal, las lecciones que este primer año en tierras germánicas me ha dejado.

Probablemente la peor parte fue el inicio. Ver a tus hijos sufrir te afecta directamente y en carne propia, oir sus fustraciones y sus miedos, aún sabiendo que son parte de la vida misma, te reta de muchas maneras. Sabes que serán mejores y más fuertes, pero definitivamente está en tu instinto de madre el ahorrarles el dolor aunque sepas que este existe y es necesario.

Mi primera  lección y quizá la  más importante, es haber entendido la importancia del duelo, es inevitable, hay que procesarlo, vivirlo y superarlo, con paciencia y tiempo. Tratar de que los niños no sufran o pedirles que no lloren, no solo no ayuda, sino que subestima sus sentimientos y dificulta la adaptación. A veces un buen llanto compartido es como el aguacero que limpia el cielo y da paso a un día de sol.  

Los niños son criaturas increíblemente resilentes, son un ejemplo de como enfrentar la vida y el cambio. Mirar la vida con ojos de niño te equipa de un positivismo único, ellos miran las cosas sin prejuicios, sin pensamientos que los limiten y para mí son y han sido siempre ejemplo de valentía. Dejarles saber que tú también estas triste, compartir las preocupaciones, abordar juntos los problemas y buscar soluciones, hace de ellos seres más empáticos, más humanos.

La segunda lección aprendida tiene que ver con disfrutar el hoy, con la importancia de apreciar lo que la vida te da día tras día.  Sabes que eventualmente las cosas se terminarán, que probablemente no volverás a ver un determinado lugar si no lo haces hoy, que la gente se mudará, el tiempo pasará y  la vida seguirá su cauce sin esperar para que te decidas  a disfrutarla. En mi país , por ejemplo, el clima no es un problema, si  hoy no salgo puedo salir mañana, seguramente el clima permanentemente templado me lo permita. Aquí ese día de sol es tan valioso que desperdiciarlo sería un pecado. Me sorprende ver como en cuanto hay un poco de sol la gente sale corriendo a aprovecharlo.   No sabemos si mañana lloverá, todo lo que tenemos es el hoy.

Cuando llegué aquí, me asombraba mirar las casas de mis vecinos, siempre decoradas de acuerdo a la estación, hermosas coronas con motivos otoñales, huevos de pascua, flores o personajes navideños adornan sus puertas y ventanas. Sabiendo que los alemanes son frugales por regla general, me parecía un poco extraña esta suerte de novelería. Sin embargo, tiene que ver con el disfrute de las pequeñas  cosas, esa es una tercera lección aprendida, no necesitas mucho para alegrarte hoy, talvés solo un duende en la ventana.

Para la mayoría de la gente, las semejanzas,  incluso las más  superficiales, hacen las relaciones interpersonales más fáciles. Tendemos a sentirnos más seguros con lo que nos es familiar. Sin embargo, las diferencias sean sutiles o no, nos invitan a descubrir y  a explorar . Pienso, que la clave para abrazar esas diferencias es hacerlo con respeto y ojos de niño. Lo diiferente no es malo, es una invitación a aprender y hay que abrir la mente y el corazón para verlo.

Ni llueve, ni nieva eternamente, después siempre e invitablemente sale el sol, cuando parece que la oscuridad te cubrirá , llega un día en que poco a poco, esta se retira dando paso a días más claros y tibios. Hay  que disfrutar de esos y pero la lección es que hay que prepararse y planificar para los primeros,  porque esos también volverán. La vida es un ciclo y de eso los alemanes saben mucho.

El balance del primer año es positivo,  han habido tormentas y también días llenos de luz, pero que sería la vida sin esa combinación de claros y oscuros? Seguimos descubriendo, intentando tomar lo mejor de este mundo sin dejar el nuestro atrás. ¡Salud por el primer año en Alemania y Feliz cumpleaños a mí! 

¡Prost! Y hasta el próximo post.




1 comentario:

  1. <la vida es un permanente aprendizaje. Tienen todos ustedes la gran oportunidad de aprender cada día. Valiosísimo para crecer ,sin olvidar a donde están nuestras raíces y no perder el sentimiento de pertenencia.
    Salud a todos por su primer año.

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