Relatos de un gran viaje, el de ser mamá y los puntos que hemos visto en el camino. Nuestro destino de viaje nunca es un lugar sino una nueva forma de ver las cosas. Dos mundos, tres lenguas y un solo hogar.
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viernes, 21 de junio de 2019
La caja de recuerdos
jueves, 10 de enero de 2019
Carta para mis hijos
Si me
siguen es estas locas aventuras sabrán que hemos cambiado destino hace poco, México
será el tercer país para mi familia. Después de un tiempo intenso en Alemania,
veo a mis hijos sonreír genuinamente y sentirse más en casa.
domingo, 16 de diciembre de 2018
Auf wiedersehen Deutschland
Ha llegado la hora de cerrar un capítulo. Hoy es nuestro último día en Alemania. Las últimas dos semanas han sido como un huracán de tareas y emociones. Hoy que ya todo está listo y a pesar del cansancio, tengo una gran sensación de tranquilidad.
Afuera nieva y hace frío, Alemania nos despide con un paisaje blanco. Desde mi ventana veo gente trotando, niños jugando y la vida de la ciudad siguiendo su curso, porque eso es Alemania, un país donde no todo es o ha sido color de rosa, pero donde la resiliencia de su gente se puede ver en los más mínimos detalles.
Recuerdo vívidamente mi sensación en el estómago cuando llegamos hace dos años y medio, era como un nudo que me apretaba fuerte. El miedo a lo desconocido, a la incertidumbre, a sentirme diferente me jugaban una mala pasada aquella mañana de Julio.
Alemania, no les voy a mentir, es un lugar en donde para vivir se requiere de eso que en aquel momento yo carecía, conocimiento. Este, el conocimiento necesario, es uno muy específico, porque Alemania es así como su idioma, precisa. Aquí hay que saber, para sentirse seguro. Las reglas que son muchas y muy complejas norman el diario vivir de este país, todo tiene una forma exacta de hacerse y un momento preciso. La espontaneidad propia de nuestra cultura no tiene mucha cabida en este mundo y hay que ajustarse.
Hay que aprender un nuevo idioma, pasar por decenas de trámites, reaprender lo que pensabas aprendido, entender su historia para entender a su gente, respetar sus costumbres y tradiciones, y así un largo etc.
Durante los primeros meses me invadía una sensación permanente de estar haciendo algo mal. No lo había sentido antes y esta no es mi primera vez viviendo en un país que no es el mío, y es que aquí todo esta normado y planificado hasta la eternidad.
Hemos vivido experiencias hermosas en este país, y también saboreado tragos no tan dulces. Si me preguntan cuál ha sido mi mayor aprendizaje, sin duda les diré que nunca antes me había sentido tan dueña de mi propia actitud y responsable de mis propios actos. Creo que Alemania ha sido un buen maestro, de esos a la antigua, de los que te ponían nerviosa, pero finalmente te enseñaban mucho. Aquí todo requiere esfuerzo, trabajo y una milla extra de dedicación.El clima define el carácter de la gente e impone una vida rigurosa y disciplinada.
Aquí dejo gente a la que hemos llegado a querer entrañablemente, el vecino que pese a no entenderte corrió en tu ayuda cuando lo necesitaste, el extraño que tendió la mano amiga, y los amigos, esos que se convierten en la familia postiza y que pese a compartir un tiempo limitado y a saber que estas sentenciado a separarte desde el inicio, te llenaron la vida de días más brillantes.
Cada vez que me mudo siento que el corazón se me llena de parches, un pedazo del mío se queda en cada lugar, con cada amigo querido y el hueco que me queda lo lleno con un pedacito de lo que ellos me entregaron. No se si a estas alturas, mi corazón, tiene la forma perfecta, o el color adecuado, la única certeza que tengo es que ha crecido a punta de usarlo.
Nos vamos con la maleta llena de recuerdos y aprendizajes valiosos, con dos hijos más grandes, más valientes, más humanos.
Estamos listos para la nueva aventura, porque vamos con la mente y el corazón abierto y desde luego con más herramientas de las que teníamos cuando llegamos a estas tierras. Seguiré contándoles mis aventuras al otro lado del charco.
Durante este tiempo, compartir mis pensamientos y mis vivencias ha sido un ejercicio maravilloso, ha sido mi forma de combatir la soledad y la frustración y de compartir mis experiencias y alegrías, porque las palabras, aunque no estén impresas en un libro, vuelan libres y tocan corazones.
lunes, 19 de noviembre de 2018
¿Y ahora que empaco?
viernes, 2 de noviembre de 2018
Quiero colada morada y guaguas de pan!!
lunes, 10 de septiembre de 2018
¿Mami y esa niña quien es?
No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:
-Apenas sé, señora, lo que soy en este momento... Sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces....
viernes, 6 de julio de 2018
Inesperado pero preciso, mi viaje a Israel
Dicen que las mejores cosas de la vida no necesitan ser buscadas, ellas te encuentran, en el momento preciso y cuando más las necesitas.
Hace algunos años, antes de salir de mi país y casi por casualidad, el coaching llegó a mi vida y para ser honesta poco sabía yo de lo que se trataba. Mi fuerte siempre fueron los números, siempre trabajé con ellos. Las finanzas fueron mi pasión por muchos años, estudié, trabajé y enseñé un sin número de temas relacionados con ellas.
Todos mis pensamientos limitantes saltaron a mi cabeza en ese momento, no no puedo, no debería, es muy lejos, es muy largo, quien cuidará de los chicos, la inversión es importante, y así un largo etcétera. Debo decir que en ese preciso instante, yo necesitaba una pausa emocional y física, una que me ayudará a mirarme desde otra perspectiva. Así que mandé a callar las voces en mi cabeza y me puse a preparar mi viaje, sin culpa y sin miedo.
La vida esta llena de obstáculos, de cambios cada vez más rápidos, la inmediatez nos ciega parcialmente, pasamos nuestros días saltando de una misión a otra ahogados en un mar de tareas, de información, de problemas propios y ajenos.
sábado, 16 de junio de 2018
Cuando necesitas parar
domingo, 13 de mayo de 2018
Ser mamá lejos de casa
Hace doce años que ostento el título de mamá. De todo aquello que he hecho a lo largo de mi vida, esto ha sido lo que mas me ha costado y sin rastro de duda lo que mas satisfacciones me ha traído.
Debo confesar que la maternidad no era algo con lo que soñaba de chica, la dejé un poco para después. Pero cuando esa campana sonó en mi cabeza, lo hizo tan fuerte, que movió mi mundo y lo puso patas arriba.
Hace casi seis años que no vivo en Ecuador. Cuando me fui, de repente mi tribu se volvió pequeñita.
Las mamás nos alimentamos de sonrisas, de logros, de abrazos, de besos melosos e interminables preguntas. Crecemos con ellos, mejoramos por ellos, somos gracias a ellos. Feliz día queridas madres, nos une un vínculo indestructible: el amor. Que el amor sea y este siempre con todas.
sábado, 28 de abril de 2018
La mano amiga del extraño
Era un día perfecto, el sol brillaba y una suave brisa mecía las flamantes hojas de los árboles de mi jardín. Las flores de los árboles de cerezo caían como copos de nieve sobre el césped formando una alfombra rosa.
Todo invitaba a saltar de la cama y salir de la casa lo antes posible. Después de un pequeño episodio de alergia el día anterior, mis dos torbellinos se despertaron felices y determinados a disfrutar de este maravilloso día de primavera.
Decidimos ir en las bicicletas al centro de la ciudad, fue un paseo de unos 10 kilómetros, paramos a desayunar en una terraza, curioseamos en algunas tiendas y luego pedaleamos hacia un parque que en otros tiempos era el coto de caza de los duques de estas tierras. Estanques con cisnes, flores por todas partes y el reflejo del sol sobre el río, realmente estábamos disfrutando el paseo, del tiempo juntos y del viento en la cara. Hablábamos animadamente del helado tamaño remordimiento que nos íbamos a comer cuando pasáramos el siguiente puente.
Todo era perfecto, hasta que dejo de serlo. No llegamos al puente, un sonido ronco en mi bibibleta me aviso que algo pasaría. Una rama se enredó y rompió la cadena, en ese momento no entendí que fue lo que pasó, pero en una fracción de segundo aterricé aparatosamente sobre mi rodilla izquierda. Mi primera reacción, típica de mujer, fue pararme, sacudirme y decir: “tranquilos, no pasó nada”. Fue ahí cuando vi las caras de mis hijos asustados y escuché sus voces preocupadas, ¿mami, estás bien? -Se rompió tu cadena- ¿Te duele mucho? ¿A quién llamamos? Sus ojitos se veían llorosos y angustiados. Todavía llena de adrenalina, en realidad no sentía dolor, mas bien les decía que no había razón para angustiarse tanto.
En eso, una pareja joven se acercó para ayudar, decían que hay que llamar a la ambulancia...¿Cómo? Fue entonces cuando me fijé en mi rodilla, mi pantalón roto no era buena señal, la rodilla tenía un corte profundo y bastante grande que mereció cinco puntos de sutura. Caerse sobre las piedras no es una buena idea.
El tema es que estábamos “solos”, mi esposo de viaje por dos semanas estaba al otro lado del globo. ¿A quien llamar? .¿Que hacer en el medio de un parque inmenso a 10 Km de casa, con la rodilla lastimada, dos niños y tres bicicletas?. Aquí no hay familia, aquí no están los amigos de toda la vida.
Este post lo escribo desde la gratitud, es un homenaje a los extraños que sin conocerte tienden la mano y te ofrecen ayuda. La pareja de jóvenes que paró, me ayudo a caminar, empujó las bicicletas, llamó a la ambulancia, acompañó a los chicos y no paraba de repetirme: “No te preocupes, te tenemos”, se convirtieron por unos minutos, en los amigos que están lejos. Mis amigas, pocas pero buenas, me ayudaron a recoger las bicicletas, me encontraron en el hospital y me llevaron a casa y se convirtieron en la familia que no está. Mis hijos aún pequeños se convirtieron en protectores, saltaron a la ambulancia sin pensarlo dos veces y me sostuvieron la mano. Son estos gestos ofrecidos sinceramente los que hacen de este mundo un lugar mejor.
Hay que levantarse después de caerse y continuar moviéndose para conservar el equilibrio, los caminos a veces traen piedras y muchas otras te ofrecen amigos, después de todo la vida no es tan distinta a un paseo en bici.
Estoy segura de que la herida sanará y solo quedará la cicatriz, espero que no muy grande, pero lo que pasó esa mañana me marcó mas allá de la rodilla. Estas muestras de apoyo inesperado son increíblemente poderosas, nos devuelven la fé, nos ayudan a saber que no estamos solos.
Hasta el próximo post!
miércoles, 11 de abril de 2018
I´m free!
Hace unos días que regresamos de nuestras vacaciones de Pascua. Nuestra ciudad nos ha recibido con un clima espectacular, propio más de la temporada estival que de la primavera. Este año elegimos visitar Berlín, la capital alemana es una ciudad increíble, de esas que te atrapan desde el primer momento.
Prácticamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial y después partida en dos, por un muro que le ha dejado una cicatriz permanente, la ciudad tiene un trazado bastante particular, mientras caminas por ella no paras de preguntarte en que Berlín estas y quienes son todas estas personas, que hablando en distintos idiomas caminan por sus calles. Berlín es lo que los alemanes denominan multi-kulti, un mosaico de razas y lenguas que le dan un carácter único.
Mientras caminábamos cerca del Check Point Charlie, el cruce más conocido entre las dos Alemanias, encontramos una exposición temporal del artista Yadegar Asisi, se llama “The Wall”, Die Mauer en alemán. Es difícil imaginar que hace menos de 30 años en ese mismo lugar estaba el muro. Se trata de una toma en 360 grados proyectada a gran escala, 60 metros de largo por 15 de alto, que revive la época de la división y ofrece una escena cotidiana en el Berlín de los años 80.
Una muestra fotográfica recoge imágenes capturadas por los testigos de la vida a la sombra del muro, fotos de padres, madres, hijos y hermanos llenan las paredes con historias sobre huidas exitosas, extorsiones, familias separadas y vidas quebradas por una pared que se fue perfeccionando año tras año hasta volverse impenetrable.
Al final de la exposición eres libre de escribir en las paredes o el suelo, como si de un grafiti se tratara.
Me sorprendió ver a mi hijo menor acostado cuan largo es, escribiendo con esfuerzo con un marcador casi seco. Cuando me acerqué para ver lo que había escrito, leí: “I´m free!”.
Ese día lloré y también agradecí.
Gracias Berlín! Hasta el próximo Post!
martes, 30 de enero de 2018
En los zapatos del otro
Hace más años de los que me gustaría admitir, viví en Madrid. Recuerdo ese primer invierno europeo claramente.
La calefacción, a gas, no estaba centralizada en el edificio en el que vivía y mi compañera de apartamento y yo, nos turnábamos para encenderla cada mañana. Saltar fuera de la cama era un ejercicio de puro coraje . A pesar de que no había nieve, ni estaba tan oscuro, ese invierno, fue mi primer contacto con el frío de verdad. Me resultaba extraño levantarme en la completa oscuridad y volver a casa cuando el sol se había ocultado. Tenía las luces encendidas a pesar de que no eran ni las cinco de la tarde y más de una vez perdí la noción del tiempo y me quedé en la cama más de lo que debía o me tendí muerta del sueño cuando todos los demás querían salir a cenar.No es que me este alemanizando, pero creo que puedo ver a mis anfitriones con otros ojos ahora, entiendo sus conductas, entiendo porque se sacan los zapatos antes de entrar a sus casas,con tanta lluvia hay lodo en todas partes, porque hacen topless en el Retiro, porque aman sus bosques y aprovechan cada minuto de sol para caminar en ellos y muchas otras cosas. Aunque muchas veces no comparto ciertas cosas, debo confesar que cada día me veo un poco más en sus ojos.
Hasta el próximo post! Desde una soleada Alemania, al menos por hoy!



